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Cuando los antiproblemas son el problema

De mi recuerdo, en Barcelona, cuando el Mayo francés del 68 y a principios de los 70's, las manifestaciones estudiantiles tenían signo de carrera de 100 metros. La disuasión era sinónimo de carrera, con los grises pisándote los talones, las piernas tocándote el culo y con el silbido de las porras, cuanto más lejos mejor...  No era divertido porque tenía su riesgo, pero al final incluso era agradecido y reivindicativo. Eran los últimos años de don Francisco: del Proceso de Burgos, de Puig Antich, juicios sumarísimos y "ejecuciones" al garrote vil... Un montón de cosas que reivindicar y, por tanto, causas justificables por las que sacar pecho estudiantil, claro que sí!

Desde entonces, el cuerpo policial de este país, no sólo ha cambiado el color de su uniforme, ahora cada número es un verdadero RoboCop acorazado y si tenemos en cuenta que lo que tienen enfrente son simples cuerpos humanos... merienda de negros.

 A pesar de todo  -lo que realmente tiene peligro-  son los que dirigen los cuerpos policiales, los que ordenan el comportamiento de sus números, aquí está el verdadero problema.

El enemigo de todos ya que según él, todos somos sus enemigos
En este contexto, el comisario Moreno (el guapo de la foto), sin ningún rubor, al ser preguntado por el número de efectivos empleados en las manifestaciones de Valencia, dijo: "No es prudente revelarle al enemigo cuáles son mis fuerzas".
Genial, estamos en guerra.

 Está claro que cualquier actuación policial en las actuales circunstancias o está muy controlada y mesurada, o es seguro de escabeche...

No es pues de extrañar que el señor comisario tenga ya bien ganada en Valencia la fama de excesivamente duro y de incrementar el trabajo de hospitales. El pasado año, en los sucesos del barrio valenciano de El Cabanyal, a pesar de la mediación de políticos y autoridades, se saldaron con decenas de heridos.
En las movilizaciones del 15-M en Valencia, también hubo 18 heridos y 8 detenidos...
Es curioso que a estos agentes acorazados les llamen "anti-disturbios". Está claro y además comprobado que en la mayoría de ocasiones actúan sin que haya ningún disturbio, sólo manifestaciones pacíficas, desfiles y protestas reivindicativas.

Lo malo, en este país, es que cuando suceden cosas que no debieran suceder, los responsables no dimiten ni a la de tres. Y no sólo eso, sino que con una rapidez asombrosa, se alzan voces sospechosamente afines en defensa ciega de actuaciones como ésta. Y, aunque hubiera cualquier declaración de buenas intenciones, la cosa siempre queda en nada.
En caso de comprobarse que ha habido extralimitación en actuaciones policiales, las mismas quedan siempre impunes: por supuesto ni dimiten los Puig o Paulas Sánchez de León, ni mucho menos se identifican los números de la policía que han provocado las lesiones. Ocurrió en Barcelona con el 15-M y también estos dias en Valencia...

Y por si alguien duda de cual es la postura del Gobierno en estos asuntos, para muestra un botón: el pasado viernes el Gobierno Rajoy promulgó el indulto de 5 Mossos d'Esquadra (policía catalana) que estaban condenados en firme por el Tribunal Supremo por torturas, maltrato, lesiones y detención ilegal. Posteriormente, amenazaron al ciudadano acusado falsamente de robo con una pistola en la boca y diciéndole que si el juez lo soltaba le matarían...
Estaban condenados a cárcel e inhabilitación. A estas horas y después del indulto, no sólo están libres sino que se pasean de policía por las Ramblas e infringiendo seguramente la normativa de mostrar claramente su número de identificación en el uniforme.

Mònica Oltra, de la coalición Valenciana "Compromís"

 

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